La cocina, además de nutrir, también juega. Con los sentidos, con las expectativas y, por qué no decirlo, con las emociones. ¿Alguna vez te has llevado una sorpresa en el plato? Crees que te vas a comer un postre… y de pronto descubres que lo que parece un dulce es, en realidad, ¡un plato salado! Descubre qué es un trampantojo y cómo lo han empleado los grandes chefs del país.
¿Qué es un trampantojo en la cocina?
Un trampantojo es, dicho de forma sencilla, una ilusión óptica. Procede del término francés trompe-l’œil, que se traduce como “engañar al ojo”. En términos generales, hace referencia a una técnica artística que busca confundir al espectador haciéndole creer que está viendo algo distinto de lo que realmente es. De hecho, el origen de este término se asocia con la pintura y la arquitectura. ¿Te suenan las escaleras de Escher o el guiño a éstas en ‘El juego del calamar’?
Pero, ¿qué es un trampantojo cuando hablamos de cocina? En el ámbito gastronómico, es una elaboración culinaria que simula la apariencia de un alimento distinto al que realmente es. Por ejemplo, una esfera que parece una tarta de queso con forma de manzana o un falso tataki que en realidad es sandía.
El truco está en la presentación, en la textura, y en la elección de ingredientes que descoloquen a la vista. Eso sí, una vez que das el primer bocado, el paladar descubre la verdad. ¡Sorpresa! Y eso es lo mágico del trampantojo: convierte la comida en una experiencia inesperada. De ahí que se enmarque dentro de la corriente de ‘Play Food’.
¿De dónde proviene esta técnica?
Aunque parezca moderna, la idea de jugar con la percepción en la cocina no es nada nueva. Ya en la antigua Roma, los banquetes incluían platos diseñados para sorprender a los comensales. Lo mismo ocurría en los grandes festines medievales, donde se servían pasteles salados con forma de aves o frutas esculpidas que no eran lo que parecían.
Ahora bien, el término trampantojo culinario como tal no apareció hasta el siglo XX. En gastronomía, esta técnica empezó a hacerse popular gracias a chefs creativos que querían romper moldes y sorprender. Destaca, sin duda, el gran Ferran Adrià. Basta mencionar a sus Salmonetes Gaudí, que imitaban los azulejos del arquitecto catalán ya por el año 1987. A partir de la década de los 90, con la llegada de la cocina de autor y la gastronomía molecular, el trampantojo encontró su lugar estrella en los menús más innovadores. Hoy forma parte de la alta cocina, pero también se cuela en restaurantes más accesibles y hasta en tu propia cocina.
¿Para qué sirve el trampantojo en cocina?
Ahora que sabes qué es un trampantojo, te preguntarás para qué sirve, es decir, qué pretende su creador con esta técnica. La función del trampantojo no es solo estética. Su verdadero propósito es provocar una reacción. Despertar la curiosidad, la sorpresa, y muchas veces una sonrisa.
Es una forma de hacer que el comensal interactúe con el plato antes de comerlo. Incluso permite transportar a vivencias de infancia o crear recuerdos nuevos que hagan la experiencia memorable. También se usa para romper las expectativas. Por ejemplo, si alguien ve una zanahoria, espera algo vegetal. Pero si esa zanahoria está hecha de merluza y puré de boniato, entonces el cerebro y el paladar entran en juego, se desconciertan y se divierten.
Trampantojo: ejemplos famosos en gastronomía
En resumen, preguntar qué es un trampantojo en la cocina es hablar de una herramienta para emocionar, comunicar y llevar el arte culinario a otro nivel. Porque comer también es un acto creativo. Y, si no, mira estos 10 ejemplos de trampantojos de la alta cocina:
- La aceituna esférica de Ferran Adrià. Parece una aceituna, pero es una explosión líquida en boca. Hecha con jugo de oliva y técnica de esferificación, este plato es ya un clásico del trampantojo moderno.
- El huevo de mango de Jordi Roca. ¿Un huevo frito con la yema brillante y la clara perfecta? En realidad, es un postre hecho con mango, coco y vainilla. Un juego visual que demuestra que la repostería también puede engañar al ojo.
- La rosa de jamón ibérico de Dabiz Muñoz. Lo que parece una flor es en realidad una fina lámina de jamón ibérico colocada con precisión sobre un gel de tomate. Técnica, estética y sabor en un solo bocado.
- El bonsái de chocolate de Albert Adrià. Un pequeño árbol que parece sacado de un jardín zen… pero es totalmente comestible. El tronco es chocolate, las hojas son azúcar, y la tierra, galleta triturada. Un trampantojo de nivel museo.
- El sushi dulce de Paco Roncero. Nigiris y makis que parecen salados, pero están hechos con arroz con leche, frutas, y alga nori de caramelo. Perfecto para cerrar una comida con una sorpresa dulce.
- Los noodles de chocolate blanco de David Pallás. Aunque se presenten como un plato de pasta, se trata de un postre de chocolate blanco, con curry de aceite de oliva virgen y bizcocho de pistacho. ¡Buon appetito!
- Los embutidos marinos de Ángel León. El conocido como chef del mar también juega al despiste en Aponiente con un amplio surtido de supuestos embutidos elaborados, eso sí, a partir de productos marinos.
- El pañuelo nipón de Andoni Luis Aduritz. De las cocinas de Mugaritz llega otra propuesta de ‘Play Food’. Se trata de un pañuelo de seda elaborado con hongo koji.
- La mesa comestible de Disfrutar. Los chefs de este afamado restaurante han ido más allá en lo que es un trampantojo, diseñando un menú donde incluso la mesa forma parte de la experiencia.
- Chocolate con churros de Jordi Verdaguer Calleja. Un clásico del restaurante Torre Simón donde el tradicional desayuno esconde una crema de erizos y puré de patatas. ¡Eso sí que es ser un maestro del camuflaje!
Todos estos ejemplos nos muestran cómo la creatividad puede cambiar la forma de entender y vivir la cocina. Así que la próxima vez que te pregunten qué es un trampantojo, ya sabes que es mucho más que un truco: es un medio para transformar ingredientes en emociones. ¿Te gustaría probar a hacer uno en casa? Pásate por el blog de La Española Aceites para descubrir recetas saludables, sabrosas y con un toque de magia visual. ¡Te esperamos!