Home / Salud / Dietas milagro… ¿por qué evitarlas?

El 76% de la población española no está contenta con su peso. Así lo afirma un estudio llevado a cabo por la SEEDO (Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad). Ya sea por salud o por estética, una grandísima parte de la población se ha puesto alguna vez a dieta. El problema, según este estudio es que el 81% de los que lo intentan fracasan en su intento de perder peso, la mayoría de las veces porque siguen una dieta equivocada.

Es frecuente que, cada cierto tiempo, asomen al mercado nuevas dietas de adelgazamiento. Si su difusión ya era importante, a través de revistas y programas de televisión, la llegada de Internet y de los medios sociales ha dado alas a todo este tipo de «dietas milagro» para llegar a una gran parte de la población.

¿Cómo reconocer una dieta milagro?
En general, tal y como recogen los expertos de AECOSAN (Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición), se trata de dietas que abogan por una restricción muy severa de la energía, es decir, aportan muy pocas calorías. La mayoría de ellas prometen pérdidas rápidas de peso (más de 5 kg por mes), aseguran que se pueden llevar sin esfuerzo y anuncian que son completamente seguras para la salud, aunque lo cierto es que no lo son. La mayor parte conduce a deficiencias severas en vitaminas y minerales y provoca alteraciones en el metabolismo que pueden conducir a graves problemas de salud y provocar trastornos del comportamiento alimentario. Además, llevan un problema añadido y es que todas estas dietas favorecen una recuperación muy rápida del peso, el conocido como «efecto rebote».

¿Qué tipos de dieta milagro existen?
Atkins, Dukan, dieta de la luna, de la alcachofa, del potito o de la Clínica Mayo son sólo algunas de que podemos encontrar con una simple búsqueda en Internet. Y lo peor es que siguen saliendo otras nuevas cada poco tiempo. Casi todas ellas son prescritas por personas que no tienen ninguna formación en el campo de la nutrición y, para colmo de males, se valen de personajes famosos para publicitarlas y llegar a un mayor número de personas. En general, según AECOSAN, este tipo de dietas se pueden clasificar en tres grandes grupos:

Dietas hipocalóricas: son todas aquellas que reducen drásticamente la ingesta de calorías y, como consecuencia, se produce una pérdida rápida de peso, ya que el organismo compensa esta falta de energía destruyendo las proteínas corporales para encontrar una fuente de energía alternativa, lo que una pérdida de masa muscular, que es muy rica en agua. Y no sólo eso sino estas situaciones de ayuno ponen en marca mecanismos nerviosos y hormonales que se oponen a la pérdida de peso. Por decirlo de algún modo, nuestro cuerpo entra en «modo ahorro» y, en el momento que aumentamos la ingesta calórica la recuperación de peso es rapidísima.

Dietas disociativas: se basan en que los alimentos no provocan aumento de peso en sí mismos sino que son las combinaciones de grupos de alimentos las que los hacen. En realidad, no tienen ninguna base científica y la pérdida de peso se debe, más bien, a que se ingieren alimentos menos energéticos.

Dietas excluyentes: como su propio nombre indica, consisten en excluir grupos de alimentos, como los hidratos de carbono (suelen ser los más comunes). Lo que ocurre con este tipo de dietas es que se produce una sobrecarga hepática y renal que puede provocarnos muchos problemas de salud.

Hábitos alimentarios saludables y actividad física, la única dieta milagro que funciona
Mantener unos hábitos alimentarios saludables es fundamental para mantener un buen estado de salud y un peso ideal. Para ello, recomendamos seguir las pautas de la pirámide de la Dieta Mediterránea, donde el aceite de oliva es la grasa fundamental y en la que no se excluye ningún alimento, en su justa medida.Si, a pesar de ello, necesitamos adelgazar, acudiremos siempre a un experto en nutrición que valore a cada persona individualmente para conocer cuáles son sus necesidades nutricionales. Las dietas prescritas por estos profesionales deberán realizarse sólo durante un periodo de tiempo para después volver a una alimentación saludable de manera habitual.

Y, por supuesto, el ejercicio físico debe ser parte de nuestro estilo de vida. ¡No valen excusas! Media hora diaria de actividad física moderada, como caminar o subir escaleras es suficiente para mantener nuestro organismo en forma.

¡Hay que dejar de lado las dietas temporales y apostar por unos hábitos saludables continuos para mejorar nuestra calidad de vida!

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