Equilibrio energético, la clave para una vida saludable

Asegurar un equilibrio energético es fundamental para gozar de buena salud, pero… ¿qué es el equilibrio energético? Básicamente es una fórmula matemática: la energía de la comida y bebida que ingerimos debe ser igual a la energía que utilizamos en nuestro día a día, o lo que es lo mismo, debe haber un equilibrio entre la energía entrante y la saliente.

Comida saludable

La energía es el combustible de la vida, lo que nos hace estar activos y desarrollar con garantías todos los procesos de la vida, como el crecimiento, el desarrollo, y el engranaje que supone nuestro cuerpo. Por ejemplo, ¿sabías que el correcto funcionamiento de los órganos vitales consumen entre el 60 y el 70% de la energía diaria necesaria? Pues así es, y es lo que se conoce como metabolismo basal. Otro 10% se emplea para digerir, absorber y almacenar los alimentos; y el resto sirve para mover el cuerpo, no sólo para hacer deporte sino los gestos más básicos, como caminar, trabajar o realizar cualquiera de las actividades cotidianas.

¿Cuánta energía necesitamos?
Las mujeres necesitan, diariamente, 2.000 Kcal para realizar todas estas actividades, y los hombres un poco más, 2.500 Kcal, que obtenemos, obviamente, de la comida y la bebida que ingerimos cada día. Se trata de una cifras indicativas o “medias”, puesto que la energía real que cada cuerpo necesita depende de otra multitud de factores, como la edad, los propios genes, el estilo de vida que llevamos o la actividad física que realizamos. Todo ello determina la composición corporal de cada persona, es decir, la cantidad de grasa corporal que tenemos frente a otros componentes, incluidos huesos, músculos y órganos.

Independientemente de que cada persona tenga unas necesidades energéticas u otras, lo que sí es cierto es que si mantenemos un equilibrio energético, es decir, gastamos la misma cantidad de energía que ingerimos, nos mantendremos en un peso ideal.

Entonces, es sencillo… si como menos, pierdo peso
En realidad, no es así y vamos a ver por qué. Los componentes del equilibrio energético, es decir, la energía entrante y la saliente, están interrelacionados y, al cambiar uno, es probable que el otro cambie también. Dicho de otro modo, si seguimos una dieta para perder peso, reducimos drásticamente la ingesta de energía por lo que, seguramente, disminuirá tu peso, pero también tus necesidades energéticas. El equilibrio energético se reajusta a un nivel más bajo. El metabolismo basal disminuye y es bastante probable que compenses la falta de energía siendo menos activo. Cuando todo esto ocurre, es más fácil comer más de lo necesario y se produce el tan temido efecto yo-yo de muchas dietas.

Así pues, la mejor manera de restituir y mantener el equilibrio energético en un nivel saludable es moviéndonos más. La actividad física es fundamental y, como decimos siempre, no es necesario decantarnos por deportes extremos y ni siquiera debemos gastar el dinero en un gimnasio. Los gestos cotidianos, como utilizar las escaleras en lugar del ascensor, bajarnos una parada antes para llegar caminando a casa o jugar con nuestros hijos pueden ejercer ese papel.

Corredores

Un poquito de ayuda tecnológica
También podemos echar mano de la tecnología para que nos ayude. El EUFIC (European Food Information Council) pone a disposición de todo el mundo, a través de su web (http://www.eufic.org/page/es/page/energy-balance/) un programa para lograr, paso a paso y de manera sencilla, el equilibrio energético de cada uno.

A través de 3 pasos, ofrece una visión general de lo que es la energía, nos ayuda a entender nuestras necesidades energéticas diarias y, por tanto, a llevar un estilo de vida saludable. En el paso 1, conocemos los elementos básicos que nos llevan hasta ese estilo de vida saludable: la nutrición, al actividad física, los modos de disminuir calorías y el etiquetado alimentario (cómo interpretar las etiquetas de los alimentos, cuáles son las cantidades diarias orientativas o cuáles son los símbolos que identifican los productos más saludables en los mercados de diferentes países, por ejemplo).

En el paso 2 podemos crear un perfil propio con nuestros datos: edad, altura, peso, sexo, circunferencia de la cintura y cómo somos en función de la actividad física que realizamos (sedentarios, con actividad baja, media o alta). Una vez rellanados estos datos, nos calcula el Índice de Masa Corporal, enmarcándonos en un perfil determinado: peso insuficiente, normopeso, sobrepeso, obeso o severamente obeso. Además, nos da una cifra orientativa de nuestras necesidades energéticas diarias.

En el paso 3, y teniendo en cuenta el perfil que hemos creado, podemos seleccionar categorías de actividad (desde actividades diarias, como estar de pie, tumbado o caminando, hasta diferentes deportes), introducir la duración y la frecuencia, y el sistema nos dirá cuánta energía quemamos con cada una de esas actividades. Para finalizar, el programa nos ofrece una calculadora que nos ayuda a encontrar ese equilibrio energético que estamos buscando, por ejemplo, diciéndonos cuánto podemos comer para igualar las calorías que hemos quemado con determinado ejercicio o, al revés, cuánto ejercicio debemos realizar para quemar las calorías que hemos ingerido.

Útil, ¿verdad? ¿Os animáis a probarlo? El equilibrio energético está en vuestras manos.

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