Estos son los 8 alimentos más “adictivos”

¿Existe “adicción” a determinadas comidas? ¿Puede haber productos que provoquen en nuestro cerebro la necesidad impulsiva de seguir comiendo? La ciencia dice que sí. Según estudios llevados a cabo por investigadores de Estados Unidos, algunos alimentos provocan una reacción particular que estimula la producción de dopamina, una hormona relacionada con el placer y la recompensa. Esta es la razón por la que nuestra fuerza mental se reduce a cero frente a alimentos ricos en sal, azúcar y grasa, por ejemplo. Estos son, por unas u otras razones, los 8 alimentos más adictivos.

1. Queso.

La caseína, la proteína presente en mayor cantidad en el queso, libera durante la digestión una sustancia denominada casomorfina, cuyos efectos en el organismo son similares a los del un opiáceo y, por lo tanto, genera una especie de “adicción” a este producto. Los españoles comemos más de 8 kilos de queso por persona al año… ¿tendrá algo que ver la casomorfina?

Un producto que consumido con moderación puede aportarnos mucho sabor y frescura. Descubre cómo preparar la tabla de queso perfecta.

chocolate adictivo

2. Chocolate.

La ciencia también ha demostrado que nuestro cerebro puede volverse adicto al chocolate. Dos compuestos tienen la culpa: la anandamina y la encefalina. La primera es un compuesto químico orgánico, presente en el cacao, que genera en el cerebro unos efectos similares a los compuestos psicoactivos que hay en el cannabis. Al comer chocolate, la anandamida se libera en pequeñas cantidades y crea una sensación relajante. Por otro lado, según los científicos, el consumo de chocolate potencia la liberación de encefalina, una sustancia química natural que genera en el cerebro una sensación de placer, lo que produce en el organismo una necesidad adictiva. ¿Qué tal si preparamos unas galletas de chocolate con aceite de oliva?

bacon

3. Bacon.

El bacon contiene nitrito de sodio, también conocido como E250, una sal que en la industria alimentaria se emplea como conservante y anti-bactericida, así como fijador del color de productos cárnicos. Ese compuesto hace que, al cocinar el bacon, desprenda un atractivo olor que va directo a nuestro cerebro y nos genere una necesidad imperiosa de comerlo.

bebidas refrescante

4. Bebidas refrescantes.

Las grandes cantidades de azúcar que contienen la mayoría de bebidas refrescantes son el motivo principal por el que causan adicción, ya que provocan que nuestro cerebro segregue serotonina, también conocida como la hormona de la felicidad. La sensación refrescante de las burbujas y el contenido de algunas de ellas en cafeína también contribuye.

palomitas

5. Palomitas con mantequilla.

Las palomitas de microondas cuentan, entre sus ingredientes, con diacetilo, un producto químico que, de manera natural, surge en la fermentación, pero que a este y otros productos se añade artificialmente para lograr un aroma y sabor similares a los de la mantequilla. El diacetilo, unido a las grasas y la sal que llevan, convierten a estas palomitas en un alimento altamente adictivo.

patatas fritas

6. Patatas fritas y otros snacks.

El glutamato monosódico es un aditivo que se añade a muchos alimentos, entre ellos las patatas fritas y otros snacks, para potenciar su sabor. Según un estudio llevado a cabo por investigadores de la UOC (Universitat Oberta de Catalunya), este aditivo que actúa como saborizante hace que los alimentos aumenten su palatabilidad y que esto nos cree más ganas de seguir comiéndolos.

golosinas

7. Golosinas.

Una vez más el azúcar es el componente que se encuentra detrás de la capacidad de adicción de un producto como las golosinas. El azúcar nos produce un impulso anímico inmediato, pero al no provocar la sensación de saciedad de otros alimentos, nuestro organismo no sabe decir cuándo parar.

bolleria industrial

8. Bollería industrial.

La combinación de grasas hidrogenadas y azúcar con que se elabora la bollería industrial son el tándem perfecto para que nuestro cerebro entre en “modo fiesta” cuando nos ponen delante uno de estos productos. Según los científicos, esos dos elementos se encuentran en la base del poder adictivo de un alimento, de ahí que podamos “engancharnos” a su consumo sin que nos sacien.

 

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