Fresas y fresones, tan distintos como sabrosos, ¿los diferencias?

Ya ha llegado la temporada de fresas y fresones, una de las frutas más sabrosas y saludables que podemos encontrar en el mercado. Solas, en batido, en postres o, incluso, en cócteles, estos frutos rojos serán, durante las próximas semanas, protagonistas de nuestras mesas y hoy queremos que las conozcáis un poco mejor.

Fresas

Para ello, empezaremos resolviendo una duda que se plantea mucha gente… Fresas y fresones, ¿son lo mismo? La respuesta es no. Las fresas son un fruto silvestre que, con el paso de los años, se ha empezado a cultivar en diferentes lugares. Las fresas que compramos en el mercado y otros establecimientos de alimentación provienen todas del cultivo aunque, si salimos a pasear por el bosque, es posible que en primavera tengamos la suerte de encontrar alguna variedad silvestre. ¿Y el fresón? Pues el fresón es un producto híbrido que nació en Europa durante el siglo XVIII, a partir de diversos cruces llevados a cabo por botánicos franceses. En la actualidad, la mayor parte de los cultivos se dedican al fresón porque, por sus características, como veremos a continuación, se conserva mejor y es más fácil de transportar de cara a la exportación.

¿Cómo diferenciamos fresas de fresones?
En la práctica, es muy sencillo diferenciar las fresas de los fresones, siguiendo unas simples pautas:

• El tamaño: la fresa es mucho más pequeña que el fresón, así que si vemos que son de tamaño considerables, no habrá duda, será fresón.
• El color interior: cuando mordemos una fresa, veremos que su color interior es blanquecino. En cambio, al morder un fresón nos encontraremos con un interior mucho más rojizo.
• El sabor: el de la fresa es más intenso y un poco ácido. El sabor del fresón es más suave y tirando a dulce.
Temporada: la temporada de la fresa es muy corta. Solo la encontraremos en el mercado entre los meses de marzo y mayo. En cambio, es más habitual alargar la temporada de fresón y podemos empezar a ver los primeros en el mes de enero y seguir encontrándolos hasta junio o algo más.
Conservación: el mayor tamaño del fresón hace que se deteriore menos que la fresa y, por tanto, que se conserve durante más tiempo.

Fresas

Trucos para conservar mejor fresas y fresones
Las fresas y los fresones son productos muy delicados y que se deterioran con facilidad. Para intentar alargar su vida útil en perfectas condiciones, podemos seguir estos pequeños trucos:

• Hay que guardarlas en el frigorífico: con la llegada de la primavera, empiezan a subir las temperaturas y, si las dejamos a temperatura ambiente, se estropearán enseguida. Eso sí, acordaos de sacarlas un rato antes de comer (en torno a 1 hora antes) para poder disfrutar de todo su sabor.
Usar un recipiente adecuado: es conveniente cambiarlas de envase y buscar uno que permita que circule el aire. También procuraremos no guardar grandes cantidades juntas, ya que el peso que ejercen unas sobre otras puede hacer que se deterioren más rápido.
Lavarlas solo cuando las vayamos a consumir: y no hacerlo nunca antes de guardarlas. La humedad hace que se estropeen mucho más rápido. ¡Importante! Al igual que ocurre con otros productos, como las setas, nunca debemos sumergir las fresas y los fresones para lavarlos sino que lo haremos con el grifo corriendo.
No cortar el rabito y la hoja hasta que las comamos: si lo hacemos previamente para guardarlas, se estropearán antes. En caso de que ya lo hayamos hecho, procuraremos poner un papel absorbente en el fondo del envase donde vayamos a guardarlas y las colocaremos con la parte cortada hacia abajo.
Se pueden congelar: si queremos guardar fresas para utilizarlas cuando termine la temporada podemos hacerlo. Para ello, las lavaremos y las secaremos muy bien, una a una, con papel y las pondremos en una bandeja en el congelador donde no se toquen unas con otras.

Tarta de fresas

Un producto sano y versátil
Además de estar buenísimas, las fresas y los fresones tienen un montón de propiedades beneficiosas para el organismo. Son muy ricas en antioxidantes, en fibra, en minerales (magnesio, manganeso y potasio), en flavonoides y en vitamina C, B2, B3 y ácido fólico. Además, tienen muy pocas calorías, por lo que son perfectas para la “operación bikini”.

Son capaces de regular los niveles de colesterol y, por tanto, ayudar a reducir la incidencia de enfermedades cardiovasculares. Sus componentes potencian el sistema inmune y aseguran una gran actividad antiviral. Cuentan con más vitamina C que las naranjas, mejoran la absorción de hierro en el organismo (por lo que son perfectas para prevenir la anemia) y su capacidad antioxidante ha demostrado –según investigaciones aún en fases iniciales– que podría ayudar a prevenir ciertos tipos de cáncer.

Y no solo son saludables sino que, además, son muy versátiles. Las podemos comer solas, con azúcar, con zumo de naranja, con chocolate o, incluso, con vinagre, pero también como parte de todo tipo de postres: tartas, helados, yogures, gelatinas… Son perfectas también para elaborar mermeladas y confituras caseras para nuestros desayunos. Y, si preferimos tomarlas bebidas, son el ingrediente ideal para batidos y smoothies saludables, sin olvidar su utilización en cócteles (como el Daiquiri de fresa).

Smoothie de fresa

Fuera de los postres, las podemos utilizar en ensaladas, ya que combinan a la perfección con vegetales como espinacas, canónigos o rúcula, así como con quesos.

Así que, no lo dudéis… ¡Aprovechad la temporada de fresas y fresones!

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